Regalo
Un dÃa viajando con la familia por Chiapas, paramos a comer y la cocinera ya grande de edad hacia verdaderas delicias, por lo que le pregunté por sus mejores recetas, después de platicar un rato y de convivir con mi familia me pregunto: ¿Le has pedido regalo de Navidad a tu padre? (refiriéndose a Dios) Por lo que le contesté que no, que nunca lo habÃa hecho en forma de petición de regalo navideño sino que la mayorÃa de las veces le hacia suplicas. Ella me dijo que le pidiera algo esta navidad y esbozó una hermosa sonrisa a pesar de sus facciones tan ancianas. Nos despedimos. En nochebuena y después de estar pensando seriamente el asunto, finalmente le pedà a Dios… Juventud. Después de un tiempo y ya olvidado el asunto, mi esposa se dio cuenta que estaba embarazada. TenÃamos planes de operarme y de cambiar de residencia pues con los hijos ya grandes podÃamos intentar algunos planes. Y regresamos a pañales otra vez, al ambiente de Kinders y familias jóvenes, a hacerla de caballito y de compañero de juegos, de cómplice y villano en los duelos, y me fui dando cuenta que por las fechas y los tiempos, Dios me cumplió mi regalo de padre, en la forma menos esperada por mi, pero rebasando todas mis expectativas.
Hoy puedo asegurar que retrasó cronológicamente mi envejecimiento, dándome además la oportunidad de, con la experiencia, llenarme de emociones que no aprecié en su real magnitud, con mis otros hijos, por simples. La próxima vez que le pida un regalo navideño a mi Padre, les aseguro que solo pediré lo que el quiera mandarme, pero que tiene que ser… solamente… mejor que el anterior.









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